Hay una escena que se repite frecuentemente en la vida de toda mujer que emprende o busca reinventar su carrera: esa madrugada en la que revisas el celular por enésima vez esperando una respuesta que no llega, o el día en que un proyecto se cae y tu mente empieza a preguntarte si realmente sabes lo que estás haciendo. La incertidumbre no es un obstáculo ocasional en el camino emprendedor; realmente es el terreno mismo sobre el que caminas, y normalmente, nadie te enseña a entrenar eso.
Seguramente, aprendiste a hacer un plan de negocios, a leer un estado financiero, quizás hasta a negociar. Pero nadie se sentó a explicarte que la incertidumbre activa las mismas regiones cerebrales que cuando hay una amenaza física real. La amígdala no distingue entre un tigre y un cliente que no responde el email. Por eso el cuerpo reacciona como si estuviera en peligro, y comienzas a sentir que el pecho se aprieta, el sueño se interrumpe, la mente da vueltas buscando certezas que, simplemente, no existen.
La incertidumbre no se elimina, se entrena.
Aquí es donde muchas emprendedoras suelen equivocarse de estrategia: intentan controlar lo incontrolable en lugar de fortalecer su capacidad para sostenerlo. Es como querer eliminar la gravedad en vez de aprender a levantar adecuadamente el peso.
Aquí, la neurociencia nos enseña que la tolerancia a la incertidumbre es un músculo, se entrena con exposición gradual, con repetición consciente, con pausas que le enseñan a tu sistema nervioso que puede sobrevivir, y hasta crecer, en la ambigüedad. Cada vez que tomas una decisión sin tener el 100% de la información, sin la garantía del resultado, estás haciendo una repetición en tu gimnasio emocional.
Tres prácticas para tu rutina mental.
1. Nombra la sensación, no la historia. Cuando sientas esa opresión en el pecho, en lugar de preguntarte “¿y si todo sale mal?”, pregúntate: “¿qué estoy sintiendo ahora mismo, en el cuerpo?”. Nombrar la emoción sin necesidad de darle una explicación reduce la actividad de la amígdala en segundos. Esto es lo primero que necesitas practicar.
2. Crea tu “protocolo de caos”. Diseña un ritual breve, puede ser de unos tres minutos de respiración, una caminata corta, escribir sin filtro en tu diario; la idea es que lo actives cuando la incertidumbre suba de intensidad y llegue un momento en que sea automático para ti. No se trata de evitar la tormenta, sino de tener el paraguas ya en la mano.
3. Reconoce y celebra la decisión, no el resultado. Reentrenar el cerebro para reconocer el valor de haber actuado con información incompleta, independientemente de cómo salga, es lo que te llevará a construir una verdadera resiliencia emprendedora.
El músculo que sostiene todo lo demás.
No se trata de dejar de sentir miedo o ansiedad ante lo desconocido y la incertidumbre; se trata de dejar de interpretar esas sensaciones como señales de que algo está mal contigo. Recuerda que estás construyendo algo nuevo, y lo nuevo, por definición, no tiene un mapa; se crea en el camino (como dice la canción: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”).
Así que, la próxima vez que la incertidumbre te desborde, en lugar de preguntarte “¿por qué me pasa esto?”, pregúntate: “¿qué repetición estoy haciendo hoy en mi gimnasio emocional?”
Al final, no buscamos que la incertidumbre desaparezca, buscamos el poder dar una repetición más.
Gleibers Linares Villarreal
Especialista en Fortaleza Mental, Gestión Emocional y Alto Rendimiento Consciente